Pincha aquí para descargar en pdf
Productos críticos. Jorge Mora
Esto son chicos y chicas en vaqueros y camisetas que andan con mochilas que incluyen portátiles, cámaras sofisticadas, cuadernos, sudaderas y hasta un llavero que nunca llegué a ver pero que sonaba como un patito de goma de ba?era. Sólo necesitan (y a veces ni eso) un punto para enchufar y conectar o enfocar y disparar.
De los ochenta. Han nacido en un mundo donde la información y la tecnología empezaron a acelerar los sucesos en cuestión de segundos y la sociedad de consumo aprendió a desplegar su red usando la misma velocidad. Devoradores salvajes por tanto de ingentes cantidades de información, de música y de cine de todas las épocas. Revisionistas demoledores.
Artistas en ciernes que no han seguido por ello a la pintura como inspiración más directa para su pintura. Es del mundo que viven con realismo y realidad, un mundo que los reclama y los abarca, de donde extraen sus contenidos. Asumen que el éxtasis social, casi anestésico que produce la difusión inmediata de los acontecimientos y las ideas provoca que se produzcan aún más, en una cadena despersonalizada en la que el individuo se ha desenfocado como tal. No andan extraviados.
Es normal que surja en su maduración el juicio, el contravalor. Hijos de un mundo moldeado por generaciones anteriores en el cual no se reconocen del todo, muchos de los jóvenes artistas que se ven hoy en día han hecho de los conceptos replanteamientos sociales, y de la dimensión del individuo en esta coyuntura, una actividad crítica en su arte. Han hecho suyos, premeditadamente, el bombardeo y la simpleza de la imagen comercial y del objeto de consumo, del placer inmediato y de la identificación espontánea, como pilares de una comunicación crítica en obras aprendices pero ricas.
Una generación de artistas genuinos que dada todas esas circunstancias no se pueden parecer en absoluto a la anterior.
El no-lugar, la no identificación del contexto, la inexactitud de la presencia del individuo (difuso, superpuesto), el anonimato desagraviante, lo familiarmente inerte o con un alto grado de "nada" ni "nadie", la imagen tan vulgar que puede estar en tu televisor en este momento y hasta lo occiso como recurso bastante escatológico para observar quizás la alta caducidad de lo actual; formulan un nuevo lenguaje en una pintura para con lo reflexivo, más que evidente, contracultural. Casualmente en la primera década de un nuevo siglo. Preparémonos.

